Conceptualismo subtropical, Pablo Guiot
El Conceptualismo cálido, término que aplicó hace unos años la crítica y curadora porteña Eva Grinstein a una corriente que cobró fuerza en los últimos años en Tucumán y en otros centros del país,
se caracteriza por una variante sensible y actualizada de aquel movimiento de los años 70 en la escena internacional.
En Argentina, esta corriente trazó un puente que conectó la brecha original entre el aspecto sensible y desfachatado de la estética de los 90 en torno al Centro Cultural Rojas en Buenos Aires, con un arte ligado a un compromiso social y político como el proyecto “Eloisa cartonera”, característico de los primeros años de 2000. El “homenaje al sánguche de milanesa” de Sandro Pereira, con tono caricaturesco instalado en el Parque 9 de Julio, sobre la Avenida de los Próceres en Tucumán es un buen ejemplo de esto.
Desde mediados de los 90 a esta parte, se profundizó un cambio en la escena del arte local, que desplazó la hegemonía de la herencia Neo Figurativa y Expresionista en la provincia hacia nuevos paradigmas demandados por la época actual. Se re-edita el concepto de identidad, no como algo sostenido por el rigor de una mirada endogámica, sino como algo que se construye constantemente, o como lo expresa Tiravanija: “La identidad, es sólo el equipaje que uno lleva en sus viajes”. Y curiosamente en ese proceso de “destucumanización”, aparecen sin querer rasgos ultra tucumanos.
El fuerte proceso productivo, no encuentra contención en los espacios institucionales existentes, en primera instancia porque el Estado se vacía tras la crisis de 2001, y en segundo lugar porque la estructura de los espacios institucionales no coincide con las demandas de las nuevas prácticas culturales.
Lejos de la inacción, cobra fuerza la idea de la autogestión, diseñándose nuevos soportes para interactuar con la sociedad. Así aparecen “La Baulera” y actualmente “La Punta”, espacios independientes que conectados a un área académica como el Taller C, y la Cátedra de Estética de la Facultad de Artes, y la Crítica de Arte representada por Jorge Figueroa, van configurando un circuito de Producción, Distribución y Consumo. La muestra reciente “Las puntas del hilo”, a partir de la colección de Carlos Casal, da cuenta del funcionamiento de este sistema que se va legitimando.
El conjunto de obras exhibidas en esta muestra, es una porción caprichosa de todo este fenómeno. En su heterogeneidad, se asocian por mostrar una estructura formal sencilla, casi minimalista, por momentos precaria. Esta materialidad, es como una instancia de un lugar por donde pasan infinidad de cosas, cosas que sin embargo no pueden verse.
Las acciones y situaciones detrás de los objetos, a la manera de un péndulo, se mueven desde un universo intimista, hacia un universo social y colectivo.









