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La continuidad de los parques. Eduardo de la Cruz

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Puesto a hablar sobre los proyectos culturales en Córdoba me detuve a pensar con cuanta energía aparecen cíclicamente grupos con ideas innovadoras, imaginativas y hasta vanguardistas en donde al principio ponen toda la carne al asador, imprimen sus ideas y al cabo de un tiempo (lo que dura el ánimo, la pasión y el ego de sus participantes) se diluyen por múltiples causas o motivos.
Cuestión que hace que dicho proyecto que aparece con ímpetu desaparezca o quede en el más terrible de los olvidos. ¿Por qué sucede eso?
¿Por qué  algo que irrumpe con la fuerza reformista, subversiva y rebelde en poco tiempo se adapta al sistema y se enfría en un status quo terrible?
Será una manera de ser que tenemos los cordobeses o, mejor dicho, ¿la cultura se manejará de esa forma en esta ciudad?
O los artistas que intentan ser innovadores en realidad no lo son tanto y utilizan esa máscara para poder acceder a los lugares de legitimación y lograr que sus nombres estén asociados a los lugares de poder.
Formas tal vez de llegar a mostrar en los museos importantes de la ciudad, de conseguir el cargo de turno o aparecer en letras de molde en el centenario diario de la ciudad.
Es por ello que el ánimo, la pasión y el ego de los integrantes de los grupos tienen mucho que ver.
Ya sé, me dirán que es inherente a la condición humana el figurar y el estar, pero cuando uno intenta hacer una propuesta emergente, distinta a lo establecido debe tener coherencia y compromiso con el proyecto. Y muchos aquí no lo tienen.
Ése es uno de los primeros problemas que uno observa aquí. La imposibilidad de continuidad está dada por esas cuestiones. Por la falta de y las ganas rápidas de llegar a algún lado.
Si supieran que aquí no hay carrera que correr de antemano aún hoy  tendríamos algunos proyectos que resultaron en su momento interesantes en esta ciudad. Bistró Casares, De Boca en boca, Tambor de Tacuarí, revistas de cultura (La Intemperie), cine (Cinegraf)  y agendas varias son ejemplo de lo que venimos diciendo.

Otra falencia es la falta de espacios, lugares que contengan a dichos proyectos ya que es necesario el acceso a recursos edilicios y también financieros. Aquí una falencia también del Estado y de las organizaciones privadas, en no apoyar a este tipo de emprendimientos que muchas veces sale del bolsillo de sus responsables.
Muchas veces se le da más importancia a cosas que vienen de afuera o de otro lado y no se apoya la producción local en ninguna de sus disciplinas. La falta de políticas culturales en esta ciudad es un tema que en algún momento se deberá discutir. Espero que las mentes independientes e iluminadas que hoy tienen a su cargo la Cultura de la ciudad se den cuenta de eso. Y no sólo  trabajen para sus amigos o  lleven agua para su molino.
La pronta desaparición de El Cuenco o los vaivenes que el teatro María Castaña ha tenido con su edificio el año pasado dan cuenta de esta problemática.
Considero que es urgente discutir una política cultural que tenga en cuenta estos temas y fundamentalmente el apoyo, ya sea con recursos edilicios o económicos, para determinadas actividades culturales. La desaparición de fondos estímulos para determinadas disciplinas artísticas también se debe poner en el centro del debate.
Otra cuestión que tiene que ver con la posibilidad de continuidad de los proyectos es la innovación que éstos realizan al espacio cultural de la ciudad, quiero decir con esto la novedad u originalidad de la propuesta estética. Muchas veces nos encontramos con propuestas muy similares o tratando de imitar artistas o instituciones. Voy a hacer en Córdoba lo que tal persona hizo o realizó en tal lugar. Esta práctica de imitación o meramente copia es muy utilizada en el ámbito cultural de la ciudad. Se pone de moda algo y todos/as hacen lo mismo y eso considero no es bueno ya que quita la posibilidad de variedad sobre la cuestión.
Hablo de la escena teatral, del circuito de los cineclubes y de ciertas prácticas escriturales que pese a los ámbitos diferentes, se repiten una y otra vez, y aunque cambien las caras y los nombres, la esencia es la misma.
A sacarse las caretas muchachos y muchachas, esto es importante tenerlo en cuenta ya que las propuestas que aún subsisten contra viento y marea guardan en su interior una originalidad particular, además de la coherencia y el compromiso necesarios que lo hacen singulares.
Una cosa también interesante que hay que remarcar es que estos proyectos también deben definir el público al cual se dirigen ya que es muy importante el diálogo y la relación que deben tener con su/s interlocutor/es. Por ello creo fundamental que debe existir una importante ligazón con otras instituciones, artistas y fundamentalmente los estudiantes (ya sean universitarios, terciarios y  por qué no secundarios) ya que están en la búsqueda de lo nuevo armando una manera de pensar y reflexionar. Y creo que son un buen puerto de partida para nuevas experiencias estéticas y culturales.
Además permiten un recambio generacional que debe ser bienvenido siempre en el ámbito cultural. Más que cerrarles las puertas abrirlas para que entre distintas miradas, generaciones y puntos de vista se construyan nuevas cosas.
Más que la adoración a las vacas sagradas que aparecen en la crónica cultural de los días jueves, más que la legitimación de la Academia y de los doctos desde sus cátedras anquilosadas de Ciudad Universitaria, más que la estética cool y snobs de algunos centros culturales (supuestamente avant garde) necesitamos nuevos espacios con gente creativa, alegre y pasional que no deje de pensar(se), de reflexionar sobre lo que somos como comunidad y  fundamentalmente no deje de celebrar la vida y el arte.
Eso en tiempos como los que vivimos, oscuros, violentos, conductistas y totalitarios se agradece de sobremanera. Y hay gente que resiste y vale la pena nombrarlos aunque en el mencionar a unos olvidemos a otros.
Y eso hacen la gente joven (en edad y espíritu) de La Quimera mostrándonos el mejor del cine del mundo todos los jueves en el teatro La Luna, eso intentan los jóvenes de Bataclana con un nuevo espacio cultural en el corazón profundo de Barrio Güemes trayendo el circo, el clown y las nuevas estéticas teatrales, lo siguen intentando los locos de La Cochera desde hace más de 20 años y  decanos en esto de ser originales, cordobeses, creativos y  fiesteros.
Y la Casa 13 desde su original propuesta de aglutinar las artes plásticas, la fotografía, la música, la escritura de Córdoba y cruzarlos con artistas de otros lugares hacen que tengamos la esperanza que otra cultura es posible en la ciudad. Y que muchos tengan un espacio donde llegar.

Eduardo de la Cruz
(Periodista, docente e investigador universitario)
 

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