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La amenaza de lo efímero. Gabriela Halac

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Nos amenaza la posibilidad de ser efímeros y sin embargo no es algo que tengamos en cuenta. Cuando comenzamos, pensamos que esto va a durar  siempre y es lógico, de lo contrario no invertiríamos tanta energía en esto. Seríamos más medidos, más cautos, menos expuestos.  Estamos hablando de la continuidad de los proyectos culturales en Córdoba… estamos hablando de “nuestros” proyectos. Digo esto porque quiero ser honesta, no soy una analista que ve las cosas fríamente, el tema corre por el carril de la experiencia y la subjetividad y de eso va este texto.
En plena crisis del 2002, Cipriano y yo comenzamos un proyecto cultural, llamado DocumentA/Escénicas, una sala de teatro independiente, una editorial, un centro de documentación y formación… un espacio que reúne muchos aspectos y trata de hacerlos interactuar y dialogar. Si pensábamos en el contexto argentino, hacíamos un estudio de mercado o algo por el estilo, no lo hubiéramos hecho. Entramos a una casa en descomposición para recuperarla en tres meses intensos de obra. Inauguramos el 23 de mayo de 2003. Tanta pasión se enfrenta a la realidad de que en Córdoba  carecemos de un horizonte cierto o estable, las posibilidades son generadas y sostenidas por las personas que por su capacidad de hacer y de creer en lo que hacen realizan acciones que a la mirada de otros resultan  incomprensibles. Muchas  veces he visto fruncir el ceño de un extranjero preguntándose sobre la sustentabilidad de documenta y para tratar de entender por qué lo hacemos.  Por suerte nosotros no pensamos lo mismo. Cumplimos 5 años y a veces nos parecen 20. No porque el proyecto haya envejecido, sino por el esfuerzo que implica y el aprendizaje que acompaña su desarrollo.
Todo cambia pero nada puede detenerse. Estamos metidos hasta el cuello en esto por convicción y obstinación, porque cada  vez que estamos perdidos aparece alguien que lee el garabato aparentemente incomprensible que escribimos como si fuera la letra más clara escrita en la tierra. En ese momento duplicamos la apuesta.
La imagen de esta foto es un movimiento, una silueta borrosa, las piernas de un niño que corre o los árboles vistos por el mismo niño acostado en el asiento trasero de un auto que se mueve. El movimiento nos obliga a acomodar la mirada, a invertir energía y a estar dispuestos a un permanente cambio de paisaje.
Si tuviera que decir que en documenta hay una fórmula, una política institucional, hoy lo resumiría en la paradoja de aferrarnos al proyecto original como la utopía que nos nutre y nos devuelve el sentido cuando lo perdemos, y al mismo tiempo estar abiertos a modificar lo que fuera necesario para que la dinámica no se pierda, para que el trabajo signifique en nuevos contextos de creación e intercambio. Entonces subimos a la rueda que giran otros e invitamos a subir a la nuestra a los que por diferentes razones entablan un diálogo. Tratamos de no ser dogmáticos y al mismo tiempo tener un horizonte.
Personalmente creo que se puede sumar sin devorar y aportar sin diluirse. Fundamentalmente porque  hay un más allá de estos proyectos, de la convicción que empuja el carro, y es necesario además de escribir la grafía propia sobre la superficie, leer las escrituras que ya están impresas por otros que pasaron antes. La cultura es un palimpsesto que hay que descifrar y para ello siempre es necesario el borde de una transparencia que expone aunque sea algo de lo que está escrito debajo. Me interesa particularmente esa superposición, y creo que el destino de los proyectos culturales en Córdoba mejoraría si muchos dejaran de intentar borrar lo que escriben otros. Córdoba tiene tantas voces que tenemos que aprender a convivir con el ruido hasta que podamos decodificar nuevamente las fuentes y con ello el sentido de lo que cada uno quiere decir. Creo que hay mucha gente diciendo muchas cosas, y que eso es lo que nos nutre.
Existe lamentablemente una ausencia de políticas sustentables en el tiempo que nos permitan proyectarnos, saber qué va a pasar con los apoyos, las habilitaciones, los proyectos. ¿Quiénes  van a ser nuestros interlocutores mañana? Hay pocas instituciones estables, y la inestabilidad del estado no es ajena, nos toca por todos lados, nos manosea. Creo que hay una gran desorientación en cómo hacer para ser escuchados y apoyados porque el cambio permanente en las instituciones no nos devuelve una mirada que nos objetive. Con todo esto, sumado al gran esfuerzo que contaba antes, al perfil poco marketinero de nuestros proyectos (fundamentalmente porque están basados en intereses profesionales y no comerciales), hace tangible la posibilidad de ser efímeros. El castillo parece ser de naipes, pero tiene un sustento que nos mantiene a todos atentos  en su construcción… aunque cualquiera pueda voltearlo.
La fragilidad nos pone más atentos y solidarios. Hay una fibra sensible en todos los que conozco desarrollan un proyecto cultural, gente que puede dilatarse y contraerse con los cambios ambientales. Parece estúpido, pero conozco  personas que no se alteran por estar contenidas en estructuras confiables. Lo único confiable en un proyecto cultural son las ideas que lo sostienen.
Del otro lado de la mesa hay más patas, y está la gente, las otras instituciones afines con quienes trabajamos, los profesionales que acompañan el proyecto, y tengo que decir que si bien también son variables  que  se modifican, con el transcurso del tiempo se construye reconocimiento mutuo y con este reconocimiento la posibilidad de formar parte de un imaginario cultural que compartimos.
El público ha crecido, hay público desconocido en las salas, las  producciones también han madurado. De todas maneras no es fácil comunicarse con el público anónimo, sigue siendo nuestro mayor medio  los mails que tienen como destino personas que integran nuestra base de datos. Tenemos que reconocer que hay un mundo fuera de esas fronteras que nos desconoce y al cual no queremos seguir siendo ajenos.
¿Cuánto más hay por delante?, no lo sé.  La intención es seguir ese movimiento mientras la energía del hacer siga pudiendo reproducirse, hasta que nos impongan normas imposibles para lograr nuestras habilitaciones, mientras tengamos proyectos en los que creamos, mientras nos acompañen profesionales que aportan su trabajo y suman su mirada. No hay demasiadas certezas acerca de la duración.  El teatro es efímero, por eso lo documentamos, como el intento por resistirnos a su desaparición. Aunque somos vulnerables a diluirnos en la historia de esta ciudad como la nada, algo quede inscripto, un registro, un papel, un grafismo que pueda ser leído por alguien.

Gabriela Halac

 

 

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