Agosto de 1996
Una y tres sillas - Joseph Kosuth
Esta obra -o su reproducción- inquieta porque parece inagotable.
Un solo ejemplo: no he visto nunca la versión original; sólo conozco fotografías o comentarios; pero si las tres sillas son una, todas las fotografías de la obra de Kosuth son parte de esa obra: con cada nueva reproducción crece, como una colonia. Estas palabras -y quien las lee- son cómplices de esa propagación, de ese caos.
Cena en Emaús - Van Meegeren
El erudito Ary Bob de Vries, algunos años después de haber alabado este Vermeer de mil seiscientos sesenta y tantos, admite que la falsificación es muy inferior a los excelentes Vermeer legítimos. Pero señala un hecho notable (por lo insólito); salvo el pan y la jarra (los colores azul y amarillo no son de Vermeer sino de la humanidad), la imitación no se parece en nada a lo imitado. Reconoce, con incomodidad, cierto valor en esa "falsificación creativa".
El pan de Jesús, engaños, errores: ¿qué es la valoración? Nada distinto del fototropismo de las orquídeas o los involuntarios colores del camaleón: sólo un tema para un capítulo de Darwin.
Pinturas - Roman Opalka
Las perversiones de Bacon son menos horrorosas que las frías series de Opalka. (Saber cómo son es suficiente: no hace falta verlas. Ni siquiera es necesario que existan).
La obra de Opalka deja sentir un vacío, un abismo, un grand trout tout plein de vague horreur; en cierto modo no es distinta del suicidio. En Vivir (1951 - Kurosawa), el desahuciado Watanabe prefiere construir un parque: no lo gozará él, pero sí los niños, los enamorados, los viejos; la decisión es admirable y emulable pero absurda, porque los demás también son él.
Fuente - R. Mutt
Marcel Duchamp declara para la historia que un mingitorio es artístico. El torpe objeto no ha cambiado pero de repente todos creen que es otro: la declaración de Duchamp es una operación de magia de la que misteriosamente nadie duda.
Ese acto fue, sin proponérselo, una fuente: de él manaron, entre otros, el arte conceptual y la costumbre de ejecutar pequeñas variantes de aquella declaración. Duchamp liberó de algunos dogmas al arte: a partir de él, se sabe, cualquier artista puede establecer que cierto objeto o cierto hecho es artístico. Es legítimo agregar: cualquier espectador puede hacerlo. (No es necesaria la formalidad burocrática: basta con sentirlo.) Lo que hizo Marcel Duchamp fue denunciar la superfluidad del adjetivo artístico.
X declara que el olor de la lluvia es artístico.
Octubre de 1996
Definición de arte - Joseph Kosuth
Arte es la definición de arte. Gottlob Frege sugeriría la función proposicional x es la definición de x. Lo cual inútilmente equivale a la definición de x es la definición de x.
Si el diccionario es una tautología, el mundo es una tautología.
La lección de piano - Henri Matisse
La significación -que es sólo uno de los aspectos de una obra- es fruto de ciertas operaciones retóricas: alusiones, metonimias, ironías, reticencias, sinécdoques, citas, metáforas.
Esos instrumentos no son nuevos; lo que cambia son los modos de empleo y las intenciones.
En La lección de piano, desde la derecha las líneas llevan a las rejas, que dibujan la música del concentrado Pierre. Pero también dibujan el aire, que se mezcla blandamente con la melodía y con el sol. La música de Pierre Matisse es una brisa fresca.
El taller – Vermeer de Delft
Tendemos a aborrecer las alegorías. Hay, sin embargo, obras interpretables que eluden las molestias alegóricas: a este género pertenecen Una y tres sillas, Las meninas y El taller.
No se conoce el rostro de Jan Vermeer. Su único autorretrato está en El taller, que es su mejor pintura y la que le ha dado más fama. Pero en esta obra –que no es una alegoría– Vermeer aparece inesperadamente de espaldas, pintando una alegoría de la Fama.
El taller es un rincón de su casa. La muchacha que posa –probablemente la hija de Vermeer– está vestida de azul y sostiene un libro amarillo; hoy el azul y el amarillo son los colores de Vermeer pero antes eran el símbolo de Delft. Y en una pared se ve un mapa de Holanda.
En esta imagen mundialmente famosa no sólo se ve a Vermeer sin rostro pintando la Fama, sino también su casa, su ciudad, su país…
En su taller un hombre hace el futuro: un placer mundial.
El nacimiento de Venus – Sandro Botticelli
Miro el nacimiento de Venus. Acaba de nacer. Está naciendo.









