El tema sobre el público que asiste, consume y valora las exposiciones de artes plásticas en Córdoba es muy amplio, de difícil abordaje y además con pocos estudios. Sin embargo a todos los artistas, desde ese lugar hablo, nos preocupa e importa.
Particularmente me interesa pensar nuestros problemas o preocupaciones actuales como consecuencias de un pasado que es ausente y necesario recuperar. Esto me ha llevado a “mirar la historia del arte en Córdoba”. Entre otras cosas me han llamado la atención dos hechos que los relaciono con nuestro tema.
El primero fue el breve comentario, pero consistente, realizado por el Arq. Ángel Lo Celso, en su libro 50 años de arte plástico en Córdoba, quien señala como un hito importante la muestra de Bellas Artes en la Exposición Nacional de la Industria y Productos Argentinos en 1871, promovida por la presidencia de Sarmiento. Según el autor, esta exposición fue la primera de repercusiones sociales importantes despertando en el público “el deseo de aprender dibujo y color”. Curioso si comparamos con lo expresado por el propio Sarmiento en su discurso inaugural: “Córdoba será menos docta quizá; pero en cambio será mas rica, más próspera y más generalmente civilizada.”
Luego, desde el estado provincial y municipal, se crearon una serie de instituciones artísticas como la “Academia”, los “Museos”, becas de perfeccionamiento, salones, etc. Esto permitió que en los años 40 el campo restringido de las artes plásticas estuviera consolidado y desde mediados de los 50 comenzara a expandirse junto con la transformación de la ciudad de Córdoba en una urbe moderna e industrial.
El segundo evento a destacar son los “salones IKA” y las Bienales Americanas de Artes. Cuando la empresa norteamericana Industrias Kaiser Argentina (IKA) se instaló en Córdoba, desplegó una política de mercado que incluyó a la sociedad en general. Según Cristina Rocca, la empresa tenía como objetivo “persuadir al público de que había una solidaridad de destino entre empresa y comunidad”. Por ello esta empresa “se comportaba como una vanguardia industrial y ponía en juego estrategias audaces para insertarse en la naciente sociedad de consumo cordobesa y argentina”. Una agencia de publicidad local, Nova Propaganda, se encargó de promocionarla. Allí trabajaban el artista Pedro Pont Verges y Luis Varela, quien fuera jefe de Relaciones Públicas de IKA. Entre ambos, y aprovechando los intereses de la empresa, presentaron una propuesta que implicaba el desarrollo de las artes. Así, la empresa se transformó en la patrocinadora de salones de artes visuales (1958-1961) y las Bienales Americana de Arte (1962-1966), los cuales posicionaron a Córdoba en un lugar central dentro de América Latina y el resto del mundo. Pero también en lo local formaron parte de un despliegue del arte hacia una mayor circulación y consumo por parte de la sociedad o público en general, junto con la legitimación de nuevos conceptos y producciones artísticas.
En la realización de estas bienales fueron muchos los organismos y empresas participantes, pero en el imaginario del público cordobés fueron “propiedad” de la empresa Kaiser, la cual les ofrecía estas “fiestas artísticas”. La discontinuidad de las bienales por el cierre de la empresa, los problemas políticos y económicos y la dictadura militar fueron algunos de los factores que generaron una nueva retracción del arte a su campo restringido.
En los hechos señalados la relación arte-público se dio de un modo significativo para la creación y expansión del campo. Lo curioso es que ambos tienen en común la fuerte presencia del sector industrial, lo cual puede ser interpretado como que éste fue el sector que avaló y legitimó el arte en un público amplio. Entonces, la valoración que ha realizado históricamente la sociedad cordobesa ¿ha estado condicionada por la valoración y uso que los sectores industriales han realizado sobre “el arte”? ¿Por qué el público se vio atraído? ¿Por el interés que le generaba el arte? ¿Porque la industria presentó el arte y entonces este adquirió valor? ¿Esto permitió que el arte fuera visto como producto de consumo? ¿El acercamiento fue por los “espectáculos” que estos eventos generaron? ¿Porque los artistas pudieron desplegar en toda su dimensión un arte con el cual el público se identificó?
Desde nuestra perspectiva histórica nos preguntamos, ¿qué ha pasado en las últimas décadas? ¿Podemos establecer alguna relación con lo descripto? ¿Cuál es el interés que la “industria y el comercio” local poseen por las artes plásticas y qué valoración hacen de las mismas? ¿Se verá la obra de arte como mercancía, producto o capital simbólico intangible? ¿Y el público será visto solamente como consumidor? ¿Habrá otra mirada sobre el público? ¿Quién la defiende? ¿Tendrá todo esto algo que ver en la actual relación entre el arte y el público?
Cecilia Irazusta
Octubre 2008
Particularmente me interesa pensar nuestros problemas o preocupaciones actuales como consecuencias de un pasado que es ausente y necesario recuperar. Esto me ha llevado a “mirar la historia del arte en Córdoba”. Entre otras cosas me han llamado la atención dos hechos que los relaciono con nuestro tema.
El primero fue el breve comentario, pero consistente, realizado por el Arq. Ángel Lo Celso, en su libro 50 años de arte plástico en Córdoba, quien señala como un hito importante la muestra de Bellas Artes en la Exposición Nacional de la Industria y Productos Argentinos en 1871, promovida por la presidencia de Sarmiento. Según el autor, esta exposición fue la primera de repercusiones sociales importantes despertando en el público “el deseo de aprender dibujo y color”. Curioso si comparamos con lo expresado por el propio Sarmiento en su discurso inaugural: “Córdoba será menos docta quizá; pero en cambio será mas rica, más próspera y más generalmente civilizada.”
Luego, desde el estado provincial y municipal, se crearon una serie de instituciones artísticas como la “Academia”, los “Museos”, becas de perfeccionamiento, salones, etc. Esto permitió que en los años 40 el campo restringido de las artes plásticas estuviera consolidado y desde mediados de los 50 comenzara a expandirse junto con la transformación de la ciudad de Córdoba en una urbe moderna e industrial.
El segundo evento a destacar son los “salones IKA” y las Bienales Americanas de Artes. Cuando la empresa norteamericana Industrias Kaiser Argentina (IKA) se instaló en Córdoba, desplegó una política de mercado que incluyó a la sociedad en general. Según Cristina Rocca, la empresa tenía como objetivo “persuadir al público de que había una solidaridad de destino entre empresa y comunidad”. Por ello esta empresa “se comportaba como una vanguardia industrial y ponía en juego estrategias audaces para insertarse en la naciente sociedad de consumo cordobesa y argentina”. Una agencia de publicidad local, Nova Propaganda, se encargó de promocionarla. Allí trabajaban el artista Pedro Pont Verges y Luis Varela, quien fuera jefe de Relaciones Públicas de IKA. Entre ambos, y aprovechando los intereses de la empresa, presentaron una propuesta que implicaba el desarrollo de las artes. Así, la empresa se transformó en la patrocinadora de salones de artes visuales (1958-1961) y las Bienales Americana de Arte (1962-1966), los cuales posicionaron a Córdoba en un lugar central dentro de América Latina y el resto del mundo. Pero también en lo local formaron parte de un despliegue del arte hacia una mayor circulación y consumo por parte de la sociedad o público en general, junto con la legitimación de nuevos conceptos y producciones artísticas.
En la realización de estas bienales fueron muchos los organismos y empresas participantes, pero en el imaginario del público cordobés fueron “propiedad” de la empresa Kaiser, la cual les ofrecía estas “fiestas artísticas”. La discontinuidad de las bienales por el cierre de la empresa, los problemas políticos y económicos y la dictadura militar fueron algunos de los factores que generaron una nueva retracción del arte a su campo restringido.
En los hechos señalados la relación arte-público se dio de un modo significativo para la creación y expansión del campo. Lo curioso es que ambos tienen en común la fuerte presencia del sector industrial, lo cual puede ser interpretado como que éste fue el sector que avaló y legitimó el arte en un público amplio. Entonces, la valoración que ha realizado históricamente la sociedad cordobesa ¿ha estado condicionada por la valoración y uso que los sectores industriales han realizado sobre “el arte”? ¿Por qué el público se vio atraído? ¿Por el interés que le generaba el arte? ¿Porque la industria presentó el arte y entonces este adquirió valor? ¿Esto permitió que el arte fuera visto como producto de consumo? ¿El acercamiento fue por los “espectáculos” que estos eventos generaron? ¿Porque los artistas pudieron desplegar en toda su dimensión un arte con el cual el público se identificó?
Desde nuestra perspectiva histórica nos preguntamos, ¿qué ha pasado en las últimas décadas? ¿Podemos establecer alguna relación con lo descripto? ¿Cuál es el interés que la “industria y el comercio” local poseen por las artes plásticas y qué valoración hacen de las mismas? ¿Se verá la obra de arte como mercancía, producto o capital simbólico intangible? ¿Y el público será visto solamente como consumidor? ¿Habrá otra mirada sobre el público? ¿Quién la defiende? ¿Tendrá todo esto algo que ver en la actual relación entre el arte y el público?
Cecilia Irazusta
Octubre 2008










Más allá de la realidad de la problemática compleja del arte como mercancia y la dificultad para abordar el tema de la audiencia insondable sobre todo en la actualidad. Considero que el caso de las Bienales IKA son un modelo de gestión de una empresa que supo desplegar y utilizar todas las herramientas posibles que le permitieron esa llegada efectiva y directa a un público desconocedor del arte y posicionar a Cba en el mapa cultural del mundo. Diferente a lo que podría ser la gestión de los museos Guggenheim, donde ahí si podríamos encontrar todo tipo de rastros de una construcción de la cultura del espectáculo y la clara noción y entendimiento del arte como capital activo