¿Por qué reflexionar sobre el “No Arte”? ¿A qué se le está diciendo realmente No? ¿Se está diciendo No al Arte como institución? ¿A determinado tipo de producciones? Y en tal caso, ¿cuáles?
El “No Arte” presupone la existencia del arte y su definición. Pero ¿realmente sabemos hoy qué es el arte?
El proceso activado hace más de un siglo a partir de las primeras vanguardias del siglo XX, que a mi parecer fue Marcel Duchamp el artista e intelectual, padre del conceptualismo más relevante, quien a través de su obra llevó los problemas del arte al extremo, poniendo en tela de juicio todos los criterios estéticos concebidos y legitimados hasta el momento, destronando al arte y al “genio” artista de su pedestal, ampliando las fronteras del arte hasta lo impensado. A partir de ahí los artistas que se hicieron eco de las nuevas ideas incorporaron al mundo del arte manifestaciones provenientes de otras esferas del quehacer humano.
Se produjeron las mayores transformaciones pero junto a ellas también se generaban las fisuras y abismos entre la tradición acuñada en una estética formalista que, frente a las nuevas ideas, veían a las suyas amenazadas de permanecer en el tiempo. De hecho así sucede, ya que podemos ver que las obras que parecen ser dignas de entrar en el paraguas de la contemporaneidad son aquellas que de una manera u otra mantienen vigente las ideas y concepciones desprendidas hace un siglo atrás.
La contrapartida es que todo parece haberse hecho y al artista le resulta difícil plasmar una imagen, una idea sin sentir que ya ha sido superada. La sensación de que todo se ha hecho, como así también de que todo es posible de ser arte y no serlo.
Se ha escrito y teorizado hasta el hartazgo, se ha matado al arte y se lo ha resucitado más de una vez. Lo cual hace pensar que el sistema del arte alberga en su propio seno los mecanismos de defensa para mantenerse en pie.
No podemos dejar de considerar la cantidad de seres humanos que hace siglos vienen alimentándose del arte (mecenas, coleccionistas, críticos, museos, galerías, curadores, teóricos etc. etc.) y que son todas personas que han construido sus vidas en torno a él, construyendo así un sistema complejo de intereses y que en sí mismo crea los mecanismos para activar o desactivar aquello que pueda atentar con su permanencia o activar lo que es de su interés. Todos los artistas y gestores somos operadores, concientes o inconcientes de todo este gran andamiaje que es el arte y la cultura. El sistema del arte no es magnánimo, es interesado y vinculado estrechamente a los intereses políticos, sociales y obviamente culturales.
Sin ir más lejos tenemos el caso de la mega muestra inaugural del nuevo Museo Caraffa, situación que puso en evidencia los intereses, las contradicciones y la estupidez por parte tanto de los artistas incluyendo la mía, como de los operadores del momento “festejando” la incoherencia de tener un mega museo sin un proyecto y un sabido escaso presupuesto, con un director ejerciendo el cargo desde hace diez años, sostenido según su capacidad intelectual, la cual no discuto, pero que no le ha servido ni para ser mejor persona, ni para reconocer al menos los artistas locales que con sus producciones comulgan con su pensamiento.
La institución arte y el arte son brazos de la misma corriente y se alimentan y se contaminan mutuamente.
No creo que podamos resolver los problemas del arte planteándonos el “No Arte” porque tal reflexión por sí sola no le encuentro sentido. Ahora bien, si esto apunta a que se pongan en evidencia las hipocresías de la cual somos parte entonces pienso que puede ser un buen comienzo.
De todas maneras en lo personal veo la realidad tan compleja y el mundo tan hostil que yo misma he creado también mi propio mecanismo de defensa. La realidad me resulta por momentos asfixiante.
Cuando tuve la posibilidad por esas cosas de la vida de encontrarme con la obra de Marcel Duchamp que honestamente no conozco en totalidad, pero sí parte, más todo lo que he podido leer, sentí una gran liberación pero con el tiempo una gran opresión. Pues parte de su pensamiento encajaba justo en lo que en un momento de mi vida yo necesitaba.
La medida que yo tenía del arte era demasiado alta, a tal punto que me resultaba inalcanzable y necesitaba irremediablemente para poder sobrevivir medianamente en paz bajar al arte y al artista de su pedestal y llevarlo a una medida que sea más próxima y mantener una distancia entre la institución arte y mi propio trabajo.
En su momento el arte para mí significaba un medio para pensar y reflexionar y tratar de entender el mundo en que vivo, como así también un medio para encontrarme a mí misma. No es que haya cambiado demasiado, lo que sucede es que desde hace un tiempo me siento intoxicada y buscando un poco de silencio en medio de tanta conceptualización, en un mundo donde todo se reinterpreta, resignifica, se justifica una cosa de mil maneras diferentes, el exceso en este orden desdibuja y desintegra convirtiendo al sujeto y al objeto en una suerte de alienación.
En mi caso, este silencio se traduce en un retiro de la actividad artística, ya que hace diez años que no expongo y son muy pocas las muestras que veo y a las que voy son de artistas que le tengo aprecio, y de no ser así voy a las que me recomiendan y no siempre.
Por momentos logro que me importe poco el rumbo que tome el arte, lo único que me interesa es ver gente que se siente bien con lo que hace, que lo disfruta y le encuentra sentido para su propia vida mas allá del destino que el arte tenga en la historia.
Sigo pintando porque más allá de que no ignoro la devaluación que ha sufrido a lo largo de la historia, la pintura para mí sigue siendo un campo de exploración.
No es que explore el campo pictórico es que me gusta pintar, y exploro mi subjetividad y junto a la mía advierto la de otros, disfruto las charlas ocasionales o no, y comparto las preocupaciones porque me interesa ya no el destino del arte sino más bien el destino al menos de los seres humanos que estamos vinculados de alguna manera al arte.
Sigo siendo curiosa de aquellos que realmente son para mí una autoridad, que no son ni gestores, ni curadores, ni galeristas, ni coleccionistas, ni directores, siguen siendo los mismos artistas los que verdaderamente rescato de todo este gran sistema. Que tiene su razón de ser sólo porque ellos existen, de lo contrario todo lo demás en el arte no existiría.
Cristina Roca
El “No Arte” presupone la existencia del arte y su definición. Pero ¿realmente sabemos hoy qué es el arte?
El proceso activado hace más de un siglo a partir de las primeras vanguardias del siglo XX, que a mi parecer fue Marcel Duchamp el artista e intelectual, padre del conceptualismo más relevante, quien a través de su obra llevó los problemas del arte al extremo, poniendo en tela de juicio todos los criterios estéticos concebidos y legitimados hasta el momento, destronando al arte y al “genio” artista de su pedestal, ampliando las fronteras del arte hasta lo impensado. A partir de ahí los artistas que se hicieron eco de las nuevas ideas incorporaron al mundo del arte manifestaciones provenientes de otras esferas del quehacer humano.
Se produjeron las mayores transformaciones pero junto a ellas también se generaban las fisuras y abismos entre la tradición acuñada en una estética formalista que, frente a las nuevas ideas, veían a las suyas amenazadas de permanecer en el tiempo. De hecho así sucede, ya que podemos ver que las obras que parecen ser dignas de entrar en el paraguas de la contemporaneidad son aquellas que de una manera u otra mantienen vigente las ideas y concepciones desprendidas hace un siglo atrás.
La contrapartida es que todo parece haberse hecho y al artista le resulta difícil plasmar una imagen, una idea sin sentir que ya ha sido superada. La sensación de que todo se ha hecho, como así también de que todo es posible de ser arte y no serlo.
Se ha escrito y teorizado hasta el hartazgo, se ha matado al arte y se lo ha resucitado más de una vez. Lo cual hace pensar que el sistema del arte alberga en su propio seno los mecanismos de defensa para mantenerse en pie.
No podemos dejar de considerar la cantidad de seres humanos que hace siglos vienen alimentándose del arte (mecenas, coleccionistas, críticos, museos, galerías, curadores, teóricos etc. etc.) y que son todas personas que han construido sus vidas en torno a él, construyendo así un sistema complejo de intereses y que en sí mismo crea los mecanismos para activar o desactivar aquello que pueda atentar con su permanencia o activar lo que es de su interés. Todos los artistas y gestores somos operadores, concientes o inconcientes de todo este gran andamiaje que es el arte y la cultura. El sistema del arte no es magnánimo, es interesado y vinculado estrechamente a los intereses políticos, sociales y obviamente culturales.
Sin ir más lejos tenemos el caso de la mega muestra inaugural del nuevo Museo Caraffa, situación que puso en evidencia los intereses, las contradicciones y la estupidez por parte tanto de los artistas incluyendo la mía, como de los operadores del momento “festejando” la incoherencia de tener un mega museo sin un proyecto y un sabido escaso presupuesto, con un director ejerciendo el cargo desde hace diez años, sostenido según su capacidad intelectual, la cual no discuto, pero que no le ha servido ni para ser mejor persona, ni para reconocer al menos los artistas locales que con sus producciones comulgan con su pensamiento.
La institución arte y el arte son brazos de la misma corriente y se alimentan y se contaminan mutuamente.
No creo que podamos resolver los problemas del arte planteándonos el “No Arte” porque tal reflexión por sí sola no le encuentro sentido. Ahora bien, si esto apunta a que se pongan en evidencia las hipocresías de la cual somos parte entonces pienso que puede ser un buen comienzo.
De todas maneras en lo personal veo la realidad tan compleja y el mundo tan hostil que yo misma he creado también mi propio mecanismo de defensa. La realidad me resulta por momentos asfixiante.
Cuando tuve la posibilidad por esas cosas de la vida de encontrarme con la obra de Marcel Duchamp que honestamente no conozco en totalidad, pero sí parte, más todo lo que he podido leer, sentí una gran liberación pero con el tiempo una gran opresión. Pues parte de su pensamiento encajaba justo en lo que en un momento de mi vida yo necesitaba.
La medida que yo tenía del arte era demasiado alta, a tal punto que me resultaba inalcanzable y necesitaba irremediablemente para poder sobrevivir medianamente en paz bajar al arte y al artista de su pedestal y llevarlo a una medida que sea más próxima y mantener una distancia entre la institución arte y mi propio trabajo.
En su momento el arte para mí significaba un medio para pensar y reflexionar y tratar de entender el mundo en que vivo, como así también un medio para encontrarme a mí misma. No es que haya cambiado demasiado, lo que sucede es que desde hace un tiempo me siento intoxicada y buscando un poco de silencio en medio de tanta conceptualización, en un mundo donde todo se reinterpreta, resignifica, se justifica una cosa de mil maneras diferentes, el exceso en este orden desdibuja y desintegra convirtiendo al sujeto y al objeto en una suerte de alienación.
En mi caso, este silencio se traduce en un retiro de la actividad artística, ya que hace diez años que no expongo y son muy pocas las muestras que veo y a las que voy son de artistas que le tengo aprecio, y de no ser así voy a las que me recomiendan y no siempre.
Por momentos logro que me importe poco el rumbo que tome el arte, lo único que me interesa es ver gente que se siente bien con lo que hace, que lo disfruta y le encuentra sentido para su propia vida mas allá del destino que el arte tenga en la historia.
Sigo pintando porque más allá de que no ignoro la devaluación que ha sufrido a lo largo de la historia, la pintura para mí sigue siendo un campo de exploración.
No es que explore el campo pictórico es que me gusta pintar, y exploro mi subjetividad y junto a la mía advierto la de otros, disfruto las charlas ocasionales o no, y comparto las preocupaciones porque me interesa ya no el destino del arte sino más bien el destino al menos de los seres humanos que estamos vinculados de alguna manera al arte.
Sigo siendo curiosa de aquellos que realmente son para mí una autoridad, que no son ni gestores, ni curadores, ni galeristas, ni coleccionistas, ni directores, siguen siendo los mismos artistas los que verdaderamente rescato de todo este gran sistema. Que tiene su razón de ser sólo porque ellos existen, de lo contrario todo lo demás en el arte no existiría.
Cristina Roca









