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Carina Cagnolo

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No-arte. Ausencia de arte. Arte silente. Invisibilidad. Estética del silencio. Procedimiento ceguera. Anti-arte. Negatividades que, sin significar lo mismo, implican, en un plano teórico, una actitud común: El abandono, por parte del artista, de la producción de arte visual complaciente del espectáculo de la mirada.

El silencio en el arte es bien conocido. Es, quizás, una de sus tantas muertes, una de las tantas maneras de manifestar su clausura. Existen múltiples razones para alejarse de la producción de obra en tanto objeto estético. Algunas de ellas se consuman, no en el abandono absoluto del quehacer artístico, sino como operaciones construidas desde la misma poética, instalando la crítica a la saturación de la visibilidad –como contemplación[1] irreflexiva y acrítica- mediante especies diversas de vaciamiento de los aspectos visuales de la obra, un vaciamiento de la mirada[2]. Reducción o minimización; ocultación; desmaterialización y/o desaparición, son algunas de las estrategias verificables en la escena del arte contemporáneo. El rechazo de la visualidad como discurso hegemónico del arte moderno, de la vista como sentido privilegiado, se proyecta como estrategia de sentido en el arte contemporáneo: El pensamiento ¨contravisual¨ contiene aspectos críticos, más o menos consistentes, directa o indirectamente, frente al privilegio de lo visual y propone diversos modos de conocimiento a través de otros aspectos de la creación (otros sentidos, diálogos referenciales, crítica social, etc).[3]

Desde este punto de vista, y a riesgo de afirmar sin hacer un necesario trabajo de investigación historiográfico, el arte de Córdoba está -en general- aferrado a un alto grado de objetualidad. Los aspectos visuales de las obras -su configuración sintáctica- están claramente referidos a su dimensión escópica. El estatuto de obra se convalida y legitima con frecuencia en su dimensión de objeto con una alta predominancia de lo visual y una importante jerarquía de lo estético como valor inmanente en las obras.

Otros modos de alejamiento o ausencia de la producción artística son aquellos presentes, no ya en las obras (como poética), sino más bien en la actitud del artista. Esta se manifiesta (la mayor parte de las veces) en una posición ideológica o política frente a la imposibilidad de trasformación a través del arte; como protesta silenciosa (el exilio más o menos permanente) o como búsqueda de otros espacios desde donde operar con mayor éxito[4] (el corrimiento hacia otras funciones dentro del campo o en los límites externos, pero más o menos cercanos a este).

Sabemos de algunas acciones radicales durante las primeras vanguardias. Son muchos los nombres y distintas las razones: la locura, el suicidio, el exilio (irse a otro lugar, que puede ser otra ciudad o país, pero también dedicarse a otra cosa, cualquiera que no sea arte). Desde entonces, autosilenciarse puede significar la necesidad de callar simplemente, pero de renegar también, de resistir contra la imposibilidad. Vimos en toda la vanguardia y neovanguardia, primero, las más radicales denuncias a través de las obras; y luego, al ser rápidamente domesticadas, las más radicales renuncias.

También el artista se silencia por considerar, simplemente, que los logros individuales carecen de importancia. Con el silencio permanente, ¨cada uno de estos hombres proclamaba que sus logros anteriores en el campo [del arte] habían sido triviales (…).¨[5]

De una u otra forma (como poética o como abandono de la producción), estos corrimientos, traslaciones y transformaciones de roles dentro de la cultura, -o las propias variaciones discursivas singulares en los diversos contextos y paradigmas más o menos cruzados por la Historia y las subhistorias[6]-, no deberían ser analizados solamente como casos particulares. La individuación de casos permite entender ciertas singularidades, por un lado. Pero, por otro, puede conducir a aislar los hechos de problemáticas paradigmáticas, quedando clausurados -los casos- a meros hechos. Una forma más comprometida de abordar la cuestión -la que le compete a la crítica, al ámbito intelectual, a la investigación académica- es el análisis que se efectúa con el fin de ¨enmarcar los pronunciamientos¨, referir las singularidades a constelaciones conceptuales e intereses[7], los hechos a acontecimientos, y procurar verificar el estatus del arte en este contexto determinado.

Es frecuente, en el ámbito de las artes visuales en la ciudad de Córdoba, mirar los hechos como casos individuales, con cierto sentido de aislamiento y un marcado tono familiar. Por el contrario, es poco común (al menos por el momento) la mirada crítica que aglutine estos significados individuales en sentidos -siempre variables y dinámicos-, posibilitadores de poéticas y discursos más sólidos (menos autocomplacientes, más críticos y auto reflexivos), capaces de dialogar en una cartografía de dependencias mutuas.

El artista Ricardo Basbaum esgrimió una tesis que ya muchos conocen y argumentan al momento de justificar sus múltiples corrimientos de roles en el quehacer profesional: La teoría del artista-etc. Es decir, el artista que interviene en el campo desde otras actividades, como curador, docente, crítico, investigador, gestor, etc. Pero, para no simplificar ni banalizar tan interesante teoría, es necesario conocer con profundidad cuáles son y qué posibilitan los conocimientos del ejercicio de cada una de estas responsabilidades. El corrimiento de roles, en cada caso, no debería ir en contra de la profesionalización de esa actividad, en nombre de un quehacer arbitrario y caprichoso, mal llamado ¨artístico¨.

En el ámbito de nuestra ciudad, se constata con frecuencia la banalización de algunos de estos roles. Por ejemplo, el de curador, ya de por sí una actividad compleja y difícil de determinar en sus acciones, múltiples y dinámicas. Pero que, sin embargo, suele limitarse a obtener un nombramiento desde donde legitimar una actividad creciente en valor simbólico y cuya acción se estrecha al mero montaje de obras en un espacio determinado. O, por el contrario, artistas-curadores que, al momento de justificar sus discursos curatoriales, se enuncian a sí mismos artistas, declarando su curaduría ¨obra de arte¨. Esta acción, que en principio aporta una mirada singular[8] a la actividad curatorial, verifica muchas veces un abandono del rol como mediador -capaz de establecer relaciones dialógicas- entre obras y receptores.

También es frecuente confundir la crítica de arte con la crónica periodística, necesaria, pero claramente corrida del ámbito de la reflexión: Una crítica que, sin ejercer adhesiones a uno u otro lenguaje particular, vincule los sentidos en las poéticas singulares, en los diálogos cotextuales y contextuales, en una dialéctica permanente con la historia[9]. A pesar del ámbito académico universitario y de la creciente ola de investigación en artes (otros roles que muchos artistas ocupan), no existe prácticamente una articulación entre la producción artística y el pensamiento crítico sobre ésta, en la ciudad de Córdoba. Éste es aun un espacio vacío.

Particularmente, considero que, intentando dar respuesta a las preguntas de esta publicación, entender las razones por las que dejé de hacer y de mostrar obra visual (o disminuí al mínimo la publicación de objetos estéticos) es irrelevante. Están atravesadas por necesidades y deseos. Subjetivaciones cargadas de afectividad, nostalgia y falsas promesas de un porvenir que muy pocas veces la profesionalización en el campo del arte otorga.

Sí creo interesante y necesario volver a la idea crítica de enmarcar los pronunciamientos, para verificar una notable frecuencia de casos dentro de las artes visuales en la ciudad de Córdoba, que detuvieron su trabajo de producción artística (de objetos estéticos) para accionar en otros roles. Todo silencio es, de alguna manera, político. Aun cuando se trate de una acción individual y aislada, porque esto puede develar la necesidad de cambios, a través de un tipo de resistencia.

Estos silencios de producción de obra no son, en todos los casos y necesariamente, permanentes ni definitivos. Por el contrario, suelen ser momentos en la construcción de sentidos, desde las individualidades, pero también en vistas a la configuración de mapas de relaciones más o menos complejos. Alguien me manifestaba hace pocos días que nunca dejaría de escribir para lograr cambios en el ámbito de trabajo. Probablemente, esto esté hablando de una jerarquía de la producción artística por sobre otras actividades dentro del campo. Además, desde lo individual, de una necesidad catártica de hacer arte. Por el contrario, entiendo que las transformaciones radicales o paulatinas del campo se dan desde los diferentes roles. A veces, las retiradas son más críticas que el propio hacer. No siempre la producción constante –en este caso artística, pero también la producción en gestión, en la curaduría, en espacios públicos o independientes, etc.), aporta a la construcción de sentidos que develen, dialoguen, debatan, critiquen, las múltiples problemáticas de la sociedad en la que vivimos.

No se trata de alentar al abandono de la producción de obras de arte. Pero considero poco relevante el quehacer artístico sin:

-La proyección del arte producido en Córdoba, fuera de la endogamia local, efectivizada por una gestión lúcida[10]. En este sentido, los resultados más exitosos de los últimos años se verifican en algunos proyectos de gestión, iniciativas de artistas independientes que, con el apoyo de entidades determinadas, lograron cierto estado de avance y proyección de la producción artística y de la reflexión teórica en el arte de Córdoba.

-La largamente esperada revisión y renovación de los modelos académicos y los contenidos formativos de las escuelas de arte de la ciudad (que, a pesar de los mitos sobre sus diferencias, son prácticamente los mismos -aun en su planta docente- con diferencias de orden).

-La articulación entre la intelligentsia (el campo intelectual, que puede manifestarse, por ejemplo, en la investigación teórica), y la práctica artística. Este campo de batalla, donde hay contaminación mutua entre praxis artística y conocimiento teórico, es el lugar propicio para la educación, la crítica y la curaduría.

-Una crítica de arte (hoy prácticamente inexistente en Córdoba) capaz de analizar…

¨(…) las producciones culturales, ejerciendo respecto de ellas un distanciamiento epistemológico cuyo objetivo fundamental sería siempre lograr situarlas, enmarcarlas, referirlas a la constelación de intereses y dependencias –conceptuales, históricas, culturales, institucionales- en base a los que en cada producción enunciativa alcanza a cumplirse como social e intersubjetivamente significativa.¨[11]

Carina Cagnolo


[1] ¨En términos estrictos, la contemplación hace que el espectador se olvide de sí mismo: el objeto digno de contemplación es aquel que, en la práctica, aniquila al sujeto perceptor.¨ Sontag, Susan. ¨Estética del Silencio¨. En ¨Estilos Radicales¨. Taurus, Buenos Aires. 1997 [1969].

[2] Hernández-Navarro, Miguel. ¨El Procedimiento Ceguera¨. Revista Teleskop. Número 3. España. www.teleskop.es

[3] Op. Cit.

[4] Con éxito me refiero tanto a lograr algún tipo de transformación beneficiosa, como a obtener capital simbólico individual (reconocimiento de pares y de otros agentes dentro del campo, obtención de sentido de pertenencia, proyección profesional más allá de los límites de lo local, etc.) y/o rédito económico.

[5] Sontag, Susan. Op. Cit.

[6] Me refiero a la Historia (en este caso la Historia canonizada y hegemónica de las artes visuales) pero también, y en constante dialéctica con ésta, a las historias particulares -las individuales y las de grupos sociales específicos-.

[7] Brea, José Luis. Texto sin referencias.

[8] Me refiero a la constatación, en muchos casos, de un alejamiento de la curaduría instrumentada desde métodos académicos e historiográficos, para acercarse a una apertura de sentidos diferentes a través de otro tipo de lecturas de las obras.

[9] Con mayúscula y con minúscula.

[10] Hoy, la falta de creatividad y conocimiento de los funcionarios responsables en los organismos estatales, encargados de gestionar y programar, conlleva a un agotamiento rápido del capital simbólico en el ámbito de las artes visuales.

[11] Brea, José Luis. Texto citado.

 

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