Córdoba, 9 de noviembre de 2008
Noche de ausencias [una crónica policial]
Acerca de algunos diálogos vía mail con Itamar Hartavi y Pablo De Monte
Pablo e Itamar viven en Buenos Aires.
Pablo nació allí en 1960, somos amigos desde el 81.
Itamar en 1984 en Petaj Tikva, Israel. Salvo estos cruces de palabras por la internet no he tenido contacto con él en mi vida. Tiene pesadillas.
Intuyo que Pablo también, aunque nunca me lo dijo.
Los dos son pintores.
Desde el momento en que comenzaron a enviarme material se me cruzó la idea de un homicidio, y la premonición de que la puesta que haríamos en el comedor de Casa 13 sería la escena de un crimen.
El comedor de una casa se me ocurre el lugar perfecto para matar a alguien.
Todo lo que han hecho estos meses ha sido enviarme coartadas.
Al principio trataba de tener algunas certezas, saber si efectivamente eran ellos los asesinos, con el paso de los días desistí porque también comencé a tener pesadillas. Me dediqué entonces a intentar sacarles alguna pista... nada.
Sólo coartadas que me llevaban a lugares y situaciones equívocas.
Hubo un momento en el que pensé que habían cometido un error. Simultáneamente me enviaron cada uno una imagen.
En una de ellas Pablo. Detrás de la claraboya, arrodillado, escondido, sin miedo, observando la escena de otro crimen.
- yo estuve en la luna.
En la otra, la sombra de Itamar se recorta imperfectamente en un árbol de extrañas curvas habitante solitario de un crepúsculo más cercano a la noche que al atardecer.
- yo no.
Pertrechados.
No hubo tal error, o no supe descifrarlo. Volvieron a lo de siempre, llevarme a ningún lugar.
Necesito uno.
- no te rías, esto es serio.
- okay.
Sueños impuros.
Tabla rasa del simbolismo.
Una crónica policial... el comedor de Casa 13 como escenario.
Atardecer caluroso en Córdoba, en el aire flota el sonido sucio de Coltrane. Las paredes azules, el piso y sus mosaicos con firuletes, una puerta que da al living donde conversan 3 cordobeses, otra que comunica al patio donde una fotógrafa rosarina instala su cámara, una ventana a la cocina, el armario con la vajilla, un televisor todavía encendido con cuerpos fantasmales caminando por la luna, sillas blancas (una de ellas caída), una lámpara central, la mesa, el velador, el sillón con las huellas que los forenses reconstruyen del cuerpo que fue.
La mesa sin sangre.
Dónde?
No soy buen investigador, ni siquiera encontré el cadáver.
Ni una miserable pista.
Desastre o fracaso?
Estado de situación, hoy: me siento resignado. Sólo pienso en pedirles algún consejo, necesito cómplices.
Se me ocurre que un (ese) museo sería el (otro) lugar perfecto para un crimen.
Aníbal Buede
Noche de ausencias [una crónica policial]
Acerca de algunos diálogos vía mail con Itamar Hartavi y Pablo De Monte
Pablo e Itamar viven en Buenos Aires.
Pablo nació allí en 1960, somos amigos desde el 81.
Itamar en 1984 en Petaj Tikva, Israel. Salvo estos cruces de palabras por la internet no he tenido contacto con él en mi vida. Tiene pesadillas.
Intuyo que Pablo también, aunque nunca me lo dijo.
Los dos son pintores.
Desde el momento en que comenzaron a enviarme material se me cruzó la idea de un homicidio, y la premonición de que la puesta que haríamos en el comedor de Casa 13 sería la escena de un crimen.
El comedor de una casa se me ocurre el lugar perfecto para matar a alguien.
Todo lo que han hecho estos meses ha sido enviarme coartadas.
Al principio trataba de tener algunas certezas, saber si efectivamente eran ellos los asesinos, con el paso de los días desistí porque también comencé a tener pesadillas. Me dediqué entonces a intentar sacarles alguna pista... nada.
Sólo coartadas que me llevaban a lugares y situaciones equívocas.
Hubo un momento en el que pensé que habían cometido un error. Simultáneamente me enviaron cada uno una imagen.
En una de ellas Pablo. Detrás de la claraboya, arrodillado, escondido, sin miedo, observando la escena de otro crimen.
- yo estuve en la luna.
En la otra, la sombra de Itamar se recorta imperfectamente en un árbol de extrañas curvas habitante solitario de un crepúsculo más cercano a la noche que al atardecer.
- yo no.
Pertrechados.
No hubo tal error, o no supe descifrarlo. Volvieron a lo de siempre, llevarme a ningún lugar.
Necesito uno.
- no te rías, esto es serio.
- okay.
Sueños impuros.
Tabla rasa del simbolismo.
Una crónica policial... el comedor de Casa 13 como escenario.
Atardecer caluroso en Córdoba, en el aire flota el sonido sucio de Coltrane. Las paredes azules, el piso y sus mosaicos con firuletes, una puerta que da al living donde conversan 3 cordobeses, otra que comunica al patio donde una fotógrafa rosarina instala su cámara, una ventana a la cocina, el armario con la vajilla, un televisor todavía encendido con cuerpos fantasmales caminando por la luna, sillas blancas (una de ellas caída), una lámpara central, la mesa, el velador, el sillón con las huellas que los forenses reconstruyen del cuerpo que fue.
La mesa sin sangre.
Dónde?
No soy buen investigador, ni siquiera encontré el cadáver.
Ni una miserable pista.
Desastre o fracaso?
Estado de situación, hoy: me siento resignado. Sólo pienso en pedirles algún consejo, necesito cómplices.
Se me ocurre que un (ese) museo sería el (otro) lugar perfecto para un crimen.
Aníbal Buede









